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miércoles, 10 de julio de 2013

Conmemoración de la batalla de las pozas de Santa Isabel, la primera derrota Napoleonica.




Como cada año la Fundación Legado de las Cortes, anterior Guardia Salinera conmemora la batalla de las pozas de Santa Isabel en la Caseria de Ossío con unas visitas guíadas en kayak a Punta Cantera (Principal bateria costera) y a las pozas de Santa Isabel, lugar donde fondeaba la escuadra de Rosily a parte de una exposición didactica y una serie de recreaciones historicas y actos conmemorativos, desarrollado entre el 9 y el 14 de Junio de 1808, la armada española entonces compuesta principalmente por embarcaciones cañoneras (simples embarcaciones de pesca y candrays dotadas con uno o dos cañones). Esta batalla supuso la 1º derrota Napoleonica en la guerra de independencia Española, antes de la derrota de Bailen.


Cuatro días después de la batalla de Trafalgar del 21 de octubre de 1805, llegaba a Cádiz el Almirante francés Rosily, que había sido mandado por Napoleón a España para sustituir a Villeneuve al mando de la escuadra combinada. Lamentablemente no pudo llegar a tiempo, ya que Villeneuve supo de su próxima sustitución y salió de Cádiz para enfrentarse con Nelson. De la batalla ya sabemos lo que pasó, así que no nos entretendremos en ella.


Al llegar Rosily se halló al frente de los restos de los 33 navíos que habían combatido. De la escuadra francesa tan sólo quedaron el Heros, de 80 cañones; los Algesiras, Pluton, Argonaute y Neptune, de 74 cañones; más las fragatas y bergantines, estos últimos posteriormente romperían el bloqueo británico a la ciudad y partirían a Francia, salvo la fragata de 40 cañones Cornelie, que permaneció con los navíos. El Algeciras, aunque tenía nombre de una ciudad española era totalmente francés, ya que conmemoraba una victoria franco española frente a los británicos en 1801 bajo las baterías de dicha ciudad andaluza.



El resto de la escuadra permaneció en Cádiz, mientras se preparaba con los escasos medios de que disponía el Arsenal de La Carraca. Así todos los navíos franceses fueron pertrechados y quedaron listos para salir a la mar cuando fuera posible. Sin embargo la escuadra española, aunque reparada tras el combate estaba falta de equipamiento, pero la inactividad y falta de presupuesto fue quedando su estado bastante deficiente. Estaba al mando de ella el Jefe de Escuadra Don Juan Ruiz de Apodaca. Además el estado de las tripulaciones era lamentable. Faltando todo lo necesario y sin haber recibido paga alguna durante meses. Estado parecido se encontraba también la oficialidad. Sólo el San Justo estaba bien preparado de equipamiento y tripulación y que se había incorporado a los franceses con la intención de partir cuando estos lo hicieran.

La escuadra de Apodaca se componía de las siguientes unidades:

- Príncipe de Asturias (112 cañones), insignia del J.E. Juan Ruiz de Apodaca.
- Terrible (74)
- Montanés (74)
- San Justo (74)
- San Fulgencio (64)
- San Leandro (64)
- Flora (fragata de 34 cañones)

El navío Santa Ana de 112 cañones se hallaba en el Arsenal en ese momento, pero no en servicio activo debido a que se concluía su carena.

Rosily, desde el mes de febrero de 1808 estaba al tanto de que algo malo iba a ocurrir en las relaciones con los españoles y previniendo a su escuadra se dispuso esta fuera del alcance de las baterías, haciendo que el San Justo quedara en medio de los buques franceses, y por tanto bajo el fuego de estos en caso de lucha. Un paso que hizo bien el Almirante francés en dar, puesto que los posteriores sucesos de Bayona con la Familia Real española y la renuncia al trono de Fernando VII había puesto a las tropas francesas en pie de guerra contra sus antiguos aliados invadiendo con su ejército la mayor parte del país.



Tamaña traición hizo que el 2 de mayo se empezase a sublevar la población española y mirar a los franceses residentes como enemigos. En Cádiz, donde había una importante colonia francesa, hubo asesinatos que enrarecieron el ambiente. Rosily, enterado de la muerte de algunos tripulantes de su escuadra prohibió que desembarcara ningún hombre de su escuadra para evitar más muertes. El Gobernador de Cádiz, el Marqués de Solano puso a algunas pequeñas embarcaciones a vigilar a los buques franceses.

Es extraño que viendo como estaba la situación los mandos españoles accedieran a la petición de Rosily, que era una persona muy inteligente y capaz, a situar los navíos de la escuadra española intercalados con los franceses, con lo peligroso que era tal maniobra en caso de combate. Tal petición obedecía a una hipotética mejor defensa en caso de ataque de la escuadra de bloqueo del Almirante Purvis, quien estaba al mando de una escuadra de 12 navíos. Los navíos quedaron en el siguiente orden: Neptune, Príncipe de Asturias, Heros, San Justo, Algesiras, Montañés, Argonaute, Terrible, Pluton, San Fulgencio y San Leandro.

Vistapanoramica de la Bahía de Cádiz en Junio de 1808

Apodaca y el teniente general Moreno, (Comandante del Departamento marítimo) posteriormente trataron de aislar los buques franceses, así se separaron las cañoneras francesas que tenían la misión de defender la boca de Sancti Petri. La población gaditana no comprendía cómo se seguía sin combatir contra los franceses tras las noticias del levantamiento en casi todo el país contra un ejército invasor y las atrocidades cometidas por sus tropas. Por eso no extrañó que hubiera un motín y se acabara asesinando a Solano, por considerarlo injustamente como afrancesado.

La junta de Sevilla, sublevada al fin, nombró al Capitán General Don Tomás de Morla, como sustituto de Solano, y le mandó disponer los medios necesarios para que llegado el momento apresara o destruyera la escuadra francesa. Tras una reunión de generales el día 30 de mayo, se acordó separar los buques españoles de los franceses, quedando ambas separadas al día siguiente y preparadas para el combate, aunque oficialmente todavía no había ninguna hostilidad por ambas partes.

Morla pidió a la Junta de Sevilla el permiso para atacar, ya que no quería tener esa responsabilidad. Purvis, el almirante británico encargado del bloqueo y que estaba bajo el mando de Collingwood, se ofreció a entrar con sus buques en la bahía de Cádiz para ayudar a los españoles a capturar a los buques franceses, a lo que se negó en rotundo Morla, quien no le hacía gracia que los tradicionales enemigos de siempre se metieran en las entrañas de la bahía gaditana, con el riesgo de que no se marcharan luego y quedara otro Gibraltar, así que de manera educada le contestó que esto era algo que debían hacer los españoles. Purvis debió comprender que los españoles, tras la sucia traición de sus hasta hace nada aliados, tenían ganas de desquitarse. Algo que por otra parte era cierto.



Moreno y Apodaca, dado los exiguos medios del Arsenal y la preocupante falta de dinero, hicieron todo lo posible por organizar las fuerza atacantes. Se alistaron dos navíos más para acoderarlos en el Arsenal, por si Rosily atacaba esa zona, además de instalar nuevas baterías y reforzar otras en La Cantera, Trocadero y Puntales. Todo esto no pasó desapercibido a Rosily, quien sólo confiaba en la llegada por tierra de refuerzos por parte del ejército napoleónico (y que fue finalmente vencido en Bailén, el 19 de julio de ese mismo año, por las tropas españolas). Es por ello que desde ese momento intentó por medio de comunicados a las Autoridades españolas ir retrasando el inevitable enfrentamiento.

Aprovechando un viento favorable alejó su escuadra de las baterías de Puntales y Matagorda, internándose más adentro en el canal de La Carraca, quedando fondeado sobre la Poza de Santa Isabel en disposición de batir el Arsenal. Los españoles se inquietaron por esta nueva estrategia y cambiaron las baterías instaladas hacia la zona del Arsenal. La falta de espacio para poder maniobrar por parte de los navíos españoles para poder seguir a los franceses, hizo que se decantase Moreno por un ataque con fuerzas sutiles. Esto contó en un principio con la oposición de varios mandos, que querían entablar combate con los navíos.


Apodaca fue el encargado de organizar dicha fuerza, armando 12 bombarderas y 25 cañoneras provenientes de la escuadra. En el Arsenal también se prepararon algunas, quedando en total tres divisiones de 15 cañoneras cada una, mandadas por los brigadieres José Quevedo, Miguel Gastón y el Capitán de navío Rodríguez Rivera. El plan de Moreno era que las cañoneras fueran en primera línea; detrás las bombarderas, fuera del alcance de los franceses, y más atrás los botes auxiliares con tropas y pertrechos listos para abordar o sacar a remolque cualquier buque de la zona que se pudiera. También se organizó una serie de banderas de señales para estar coordinados con los navíos, baterías y fuerzas sutiles. Como curiosidad, no se sabe si fue por falta de material o simplemente por utilizar cualquier bandera, el caso es que Moreno indicó entre esas 20 órdenes prefijadas la orden nº 15 "Se necesitan balas", que debía indicarse con la bandera de la Unión Jack británica, y la nº 19 "Hay navíos que se han rendido" con la holandesa. Moreno dirigiría el ataque desde su falúa. El Príncipe de Asturias de 112 cañones y el Terrible de 74 darían apoyo al conjunto. 



Los franceses debían de temer a estas fuerzas sutiles armadas, ya que se había demostrado en multitud de ocasiones la letal efectividad de este tipo de ataque. Tanto que los propios franceses como los británicos habían tenido que adoptar este sistema de lucha. Las cañoneras eran lanchas de navío, arboladas con uno o dos palos, y que se servían de los remos para avanzar con vientos contrarios o situarse en inmejorable posición para atacar. Iban armadas con un solo cañón de 24 libras (en alguna ocasión también de 36 libras, aunque era muy raro) que aprovechaba el retroceso de toda la embarcación en el disparo, y por tanto no necesitaba muchos artilleros. También solían llevar un obús o pedrero para su defensa en caso de ser abordadas, así como infantes de marina que daban apoyo con sus fusiles. La agilidad de tales embarcaciones les hacían ser un blanco poco preciso para dispararlas desde un buque y sobre todo eran muy letales con mar encalmada, donde maniobraban con los remos para situarse en las aletas o amuras de su objetivo, mientras este no podía evitarlo. 



Una vez preparado el ataque Morla envió una advertencia el 9 de junio a Rosilly, instándole a una rendición incondicional en el plazo de dos horas o de lo contrario: "...soltaré mis fuegos de bombas y balas rasas (que serán rojas si V.E. se obstina): atacará la escuadra española y las fuerzas sutiles...". Siendo rechazado por el almirante francés. Así pues se inició el ataque desde las baterías y por las fuerzas sutiles. Los franceses estaban bien situados y lograron rechazar el ataque, que durante cinco horas intentaron infructuosamente rendirlos. Aun así tuvieron daños en cascos y arboladuras, con unas bajas de 13 muertos y 51 heridos. El Jefe de Escuadra Apodaca en su falúa, recorría la bahía dirigiendo a las fuerzas sutiles y animándolas con su ejemplo. Los españoles también vieron como se inutilizaban 7 bombarderas (4 de ellas hundidas, aunque las otras se podían reparar), con un balance de 4 muertos y 5 heridos. La batería de la Cantera fue desmantelada por el navío francés Algesiras, que había sido destacado ya que dicha batería les estaba haciendo mucho daño. El balance de bajas en las baterías fue de otros 4 muertos y 21 heridos. Las embarcaciones de la escuadra las mandaba el brigadier don Miguel Mª Sastón, comandante del Príncipe de Asturias; uno de los botes cuya tripulación se distinguió notablemente lo mandaba el Alférez de Fragata don José Fermín Pavia. También se distinguió la cañonera nº 33 al mando del Teniente de Navío don Joaquín Ibañez de Corbera.

Diorama de la escuadra francesa avistada desde la Batería de la Casería de Ossío

Rosily intentó ganar tiempo, a la espera de refuerzos, escribiendo varias cartas a Morla, en las que pedía que dejasen salir a su escuadra bajo promesa de no ser atacados ni por los españoles ni los británicos de la escuadra de bloqueo. Morla se negó. Rosily al día siguiente propuso desembarcar el armamento y arriar sus banderas, pero permitiendo permanecer a bordo. Morla volvió a rechazarlo, indicándole que sólo aceptaría la rendición sin condiciones. De todas maneras se dio una pequeña tregua a los franceses para que desde la Junta de Sevilla llegaran nuevas órdenes.

Entre tanto las condiciones de las fuerzas españolas no eran buenas, ya que faltaba mucha pólvora por lo que no era posible otro ataque como el del día 9. Así que se optó por instalar nuevas baterías simuladas. Trayendo otras 10 cañoneras de Málaga mandadas por Francisco Mourelle. Y se alistó el navío Argonauta en La Carraca. Mucha “fachada”, pero sin casi poder debido a esa falta de pólvora. Para evitar que los franceses intentasen entrar en el arsenal se bloqueó este con el hundimiento del navío Miño y la urca Librada.

El día 14 de junio se volvió a intimar a la rendición de la escuadra francesa sin condiciones. Rosily era sabedor de que no podría resistir mucho tiempo ante los medios acumulados por los españoles para abrumarle con sus fuegos y poco después se rindió a discreción, así durante el curso de la mañana los pabellones franceses fueron sustituidos por los españoles. En total se entregaron 3.676 prisioneros, tripulantes de 5 buenos navíos y una fragata de construcción reciente, armados con no menos de 456 cañones, numerosas armas individuales, gran cantidad de pólvora y municiones y cinco meses de provisiones. En el Museo Naval de Cádiz se conserva la bandera insignia que arbolaba el almirante Rosily en el navío Hero. Apodaca se hizo cargo de los buques rendidos y puso como comandantes de los mismos a los segundos de los buques españoles. Los buques franceses pasaron a la Armada con sus nombres originales, lógicamente castellanizados.

Estas palabras iban destindas a avisar que no se toleraría los ajustes de cuentas y alborotos de una parte del pueblo gaditano, que buscaba venganza por la brutal y sorpresiva invasión napoleónica del país, y que exaltó los ánimos de muchos ciudadanos, queriendo tomarse la justicia por su mano contra los franceses avecindados en la ciudad. También se avisaba a la numerosa colonia francesa de no reunirse, ni tramar nada en contra de la Autoridad española. Además de esta escuadra también fue apresado en Vigo el navío francés l’Atlas de 74 cañones, que había entrado en el puerto creyendo ser puerto amigo y allí fue capturado. Por lo tanto se recuperó una escuadra entera de navíos que en parte paliaba las pérdidas de Trafalgar.

Después de este acontecimiento los comisionados españoles, de quien el General Morla era la cabeza visible, embarcaron para Inglaterra para tratar con el gobierno británico. Su recepción igualó totalmente sus expectativas; y el 4 de julio el gobierno británico emitió una orden, declarando que todas las hostilidades entre Inglaterra y España deberían cesar inmediatamente y entrando ambas como aliadas frente a la Francia de Napoleón.

Navios fondeados habilitados como prisiones (Archivo del NMM-Londres)
Navio habilitado como prisión a flote (Archivo del NMM-Londres) Navio habilitado como prinsión (Archivo del NMM-Londres)

Los prisioneros franceses fueron recluidos en La Carraca y a bordo del Terrible y San Leandro. Aunque posteriormente fueron transbordados a los navíos desarmados Castilla y Argonauta, habilitados como pontones. Incluso 35 soldados prisioneros pidieron pasarse a los batallones de Marina de la Real Armada, ya que no eran naturales de Francia y viendo la lúgubre perspectiva de quedarse en un sórdido pontón decidieron desertar, lo cual consiguieron. Otros prisioneros lograron escaparse, en concreto del navío Pluton fueron 5 tripulantes, de los que uno era italiano y otro portugués. Esto hizo que se redoblara la vigilancia. En cuanto al trasvase de los víveres de los navíos franceses al Arsenal se produjeron bastantes saqueos por parte de los transportistas, que en alguna ocasión no llegó ni una cuarta parte de lo transportado. Así que se decidió mandar una treintena de soldados de batallones para su cuidado.

Como era habitual en la época se ofrecieron recompensas a diestro y siniestro. Ascendiendo incluso a alguno que no había tomado parte de la captura. Y en general se ascendió un grado a todos los oficiales. Rosily y algunos de sus oficiales fueron puestos en libertad, bajo juramento de no combatir contra los españoles hasta no ser canjeado, para que llevara personalmente las noticias de su rendición ante Napoleón.

Fuente: http://www.guardiasalinera.com/prisiones.htm